JAIME SAENZ, A 30 AÑOS DE SU PARTIDA. CONJUGANDO SU OBRA POÉTICA Y GRÁFICA

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Jaime Saenz, a 30 años de su partida

Conjugando su obra poética y gráfica

El pasado agosto, recordando los treinta años de la partida de Jaime Saenz, poeta y escritor boliviano, se presentaron dos publicaciones, ambas reúnen sus expresiones fundamentales: poesía y dibujos.
La primera, Poesía Reunida, es el conjunto de poemarios publicados en vida por el autor y cuyo contenido incluye los siguientes títulos: El escalpelo [1955], Cuatro poemas para mi madre [1957], Muerte por el tacto [1957] Aniversario de una visión [1960], Visitante profundo [1964], El frío [1967], Al pasar un cometa [1970-1972], Recorrer esta distancia [1973, Bruckner [1978], Las tinieblas [1978], La noche [1984] y otros poemas publicados en revistas.
La segunda, Además de las Palabras, recopila más de cien dibujos del autor, en gran parte inéditos, incluyendo los existentes en su archivo literario y los que fueron parte de publicaciones en poemarios, revistas y otros. 
La expresión gráfica de Jaime Saenz contiene una muestra de autorretratos, calaveras, dibujos para sus poemas y libros de otros autores, retratos de mujeres y dibujos sobre varios temas, producidos entre 1940 y 1975 en diversas técnicas como lápiz, tinta y carbón.
Según Oscar Rivera Rodas, miembro de Academia Boliviana de la Lengua, escritor y crítico literario, “la poesía de Jaime Saenz es una de las experiencias más audaces de la lírica hispanoamericana actual; ha sido señalada como contribución notable «a la cultura continental en el último medio siglo» y definida como una «lucha por llegar a la identidad del yo consigo mismo, a la autenticidad», como esfuerzo metafísico que «quiere conocer el rumbo final de las cosas», es decir, «el Ser mismo». En efecto, para Saenz, el ente de las cosas – el ser esencial concebido por el pensamiento – es inmóvil y uno. Esta unidad abarca, obviamente, tanto al objeto contemplado como al sujeto contemplativo. En la revelación del ente se produce la fusión del sujeto pensante y las cosas pensadas. El poema II de MT (Muerte por el Tacto) refiere la experiencia de semejante revelación: «se sabrá que todo es lo mismo/y que es sin embargo distinto/las cosas serán inmóviles como nunca, las personas alcanzarán una dignidad jamás alcanzada/no habrá palabras y el silencioso mundo vivirá solamente para ser sentido – desaparecerá la maligna diversidad y todo será uno solo/para ser sentido/por uno solo/. . . /sí, todo será uno solo»”.(La Poesía de Jaime Saenz de O.R.R)
Esas letras, conjugadas con sus trazos, a veces de línea continua, otras expresadas en diversidad de técnicas, han retratado su trascurrir entre el encuentro y búsqueda de sí mismo, entre la vida y la muerte, entre amor y el desamor, entre la noche y el alcohol a partir de múltiples presencias, que han trascendido en el tiempo.
Respecto a sus autorretratos, Leonardo García Pabón, literato boliviano y editor de varias de las obras de Saenz afirma que “este deseo (“manía”) de autorrepresentarse tiende a la construcción de una imagen de sí y de su experiencia vital, a partir de “revelaciones y adivinaciones”; una imagen hecha de fragmentos de su vida, de sensaciones y sentires, de momentos trascendentes e intrascendentes, de recuerdos y también de lo olvidado. Esa imagen, además, debe ser construida en el espacio y en la muerte, en el cadáver, como la transfiguración del tiempo en instante y espacio atemporales. Ahora bien, esta imagen es, en última instancia, no la del escritor mismo, quien, de por sí ya constituye un autorretrato que “la vida misma se habrá encargado de escribir por él” (Vidas y muertes 192), es la imagen de un mundo, su mundo poético y su mundo boliviano.” 
En una lectura semiótica de su expresión poética, concebida como una construcción de estructuras profundas y desde la materialidad del sentido, Ausberto Aguilar, comunicador, recupera dos elementos semánticos: la angustia y el júbilo, concibiéndolos como los sentimientos que constituyen lo sublime de su búsqueda. 
Así, “la angustia se presenta a causa del renunciamiento a su individualidad, al yo constitutivo de cada sujeto como individuo. En Saenz, este renunciamiento se opera por un reconocimiento de su propia escisión como individuo. Sólo como sujeto individual es capaz de darse cuenta que tiene que renunciar a esa su individualidad aprisionante para acceder a la plenitud de la naturaleza”.
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Un Autorretrato – Vidas y Muertes 1986 (fragmento) 
“… En tiempos, cuando estaba del brazo del alcohol, y cuando me tambaleaba en calles y plazas, perdido peregrino en lóbregos tránsitos, vislumbrando quizá un aprendizaje que empero no conocería término, tenía la manía de dibujar autorretratos en las paredes, con tiza o con un pedazo de estuco, encaramado sobre las mesas de las chinganas. A decir verdad, hoy persiste la manía, sólo que los autorretratos en cuestión no se plasman ya en la amplitud de las paredes, sino más bien en la exigüidad de una hoja de papel. 
Sea de ello como se fuese, lo cierto es que con esto se plantea un problema harto enojoso para mí. 
Pues por una parte, no deja de asistirme la confianza de que la referida experiencia podría servirme de pauta para realizar un intento de escribir un autorretrato, mientras que por otra, dudo mucho de llevar a buen fin dicho intento”.
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Ven – Visitante Profundo 1963 

Ven; yo vivo de tu dibujo
y de tu perfumada melodía,
soñé en la estrella a que con un canto se podría llegar
-te vi aparecer y no pude asirte, a turbadora distancia
te llevaba el canto
y era mucha lejanía y poco tu aliento para alcanzar
a tiempo un fulgor de mi corazón
-el que ahora estalla ahogado por alguna lluvia compasiva.

Ven, sin embargo; deja que mi mano imprima
inolvidable fuerza a tu olvido,
acércate a mirar mi sombra en la pared,
ven una vez; quiero cumplir mis deseos de adiós.




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Como una luz – Visitante Profundo 1963 


Llegada la hora en que el astro se apague
quedarán mis ojos en los aires que contigo fulguraban.

Silenciosamente y como una luz
reposa en mi camino
la transparencia del olvido.

Tu aliento me devuelve a la espera y a la tristeza de la tierra,
no te apartes del caer de la tarde
-no me dejes descubrir sino detrás de ti
lo que tengo todavía que morir.




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  Tu Calavera – Al pasar un Cometa 1982 


Estas lluvias,
yo no sé por qué me harán amar un sueño que
tuve, hace muchos años,
con un sueño que tuviste tú
-se me aparecía tu calavera. Y tenía un alto encanto;
no me miraba a mí -te miraba a ti.
Y se acercaba a mi calavera, y yo te miraba a ti.
Y cuando tú me mirabas a mí, se te aparecía mi calavera;
no te miraba a ti.
Me miraba a mí. 

En la alta noche, alguien miraba;
y yo soñaba tu sueño – bajo una lluvia silenciosa,
tú te ocultabas en tu calavera, y yo me ocultaba en ti-.

De Archivo Jaime Saenz para HD (kaos)
© Todos los derechos reservados. Octubre 2016.



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